English | French | Spanish | Deutch
1800-222-223-22 Contact@CharityhubWP.org

Como Esperar en Dios

por Noelia Ramos

Como Esperar En Dios

“Pacientemente esperé a Jehová, Y se inclinó a mí, y oyó mi clamor. Y me hizo sacar del pozo de la desesperación, del lodo cenagoso; Puso mis pies sobre peña, y enderezó mis pasos. Puso luego en mi boca cántico nuevo, alabanza a nuestro Dios. Verán esto muchos, y temerán, Y confiarán en Jehová.” Salmo 40: 1-3

Esperar es tener la esperanza de conseguir algo que se desea, es quedarse en un lugar hasta que llegue una persona u ocurra una cosa.

Es durante la espera que nuestro carácter va siendo transformado, nuestra voluntad es fortalecida y nuestro amor crece.

Cuantos errores hemos cometidos por la ligereza, cuantas oportunidades hemos perdido por no esperar el tiempo perfecto para realizar las cosas.

Como seres humanos muchas veces somos impacientes y nos angustiamos, nos decepcionamos, nos enojamos y hasta nos deprimimos porque las circunstancias se presentan adversas a nuestros planes o aspiraciones y estos se retrasan o fracasan completamente.

Lo mismo sucede en algunas situaciones de nuestra vida que nos encontramos desesperados o preocupados y clamamos a Dios por ayuda y esperamos que Su respuesta sea inmediata y no comprendemos que el Señor tiene el tiempo perfecto para enviarnos la respuesta y que sus propósitos sean cumplidos en nuestra vida, pero olvidamos que es necesario esperar y entender que Él nunca llega tarde.

Parece ser que David redactó este salmo con ocasión de su liberación, por el poder y la bondad de Dios, de alguna gran aflicción bajo la cual estaba en peligro de quedar aplastado; es probable que se hallase en un estado de turbación mental, acusado por la conciencia de pecado y del desagrado de Dios contra él a causa de dicho pecado.

David esperó pacientemente, lo cual insinúa que el alivio no vino pronto; sin embargo, él no dudaba de que había de venir y, por eso, decidió continuar creyendo y esperando, y orando, hasta que llegase. Esto podría también aplicarse a Cristo, quien, tanto en Getsemaní como en la cruz, continuó orando en su agonía al que le podía librar de la muerte, fue oído y librado de su temor.

¿Has conocido alguna vez la depresión?

¿Alguna vez has estado tan preocupado y perplejo que has pasado noches sin dormir?

¿Tuviste tiempos cuando estabas tan bajo y molesto que nadie te podía consolar?

¿Has estado tan bajo que tuviste deseos de rendirte, sintiendo que tu vida era un fracaso total?

No me estoy refiriendo a alguna condición física. No me estoy refiriendo a personas que tienen algún desequilibrio químico o enfermedad mental. Estoy hablando de cristianos que de vez en cuando luchan contra una depresión que los azota de la nada. Su condición a menudo no viene de una sola fuente, sino de muchas. A veces son azotados de todos lados, hasta que están tan abrumados que no pueden ver más allá de su desesperación.

¿Durante la espera te has metido en un pozo del cual crees que no podrás salir?

Hay algunas cosas que podemos aprender, en algunos momentos de nuestra vida, podemos tener la sensación de que hemos caído en un pozo muy profundo:

  • Todas nuestras expectativas por el suelo
  • Los momentos que vivimos son de mucha tensión,
  • No vemos la luz del sol brillar,
  • Todo parece oscuridad y en vez de recibir ayuda lo que recibo de la gente que me rodea es juicio, crítica, rechazo y oposición, todos quieren enterrarme vivo o viva.

¿Cuántas veces has sentido que estás en un pozo del cual no puedes escapar? Las paredes son tan altas…resbaladizas, estiras tus manos pidiendo ayuda y nada pasa, la derrota va tomando posesión de tu corazón y te deja allí… sin esperanzas.

Ese pozo te hace sentir:

  1.  Atrapada: con lodo cenagoso que nos impide salir. Jeremías lo ilustra muy bien: “Entonces tomaron ellos a Jeremías y lo hicieron echar en la cisterna de Malquías hijo de Hamelec, que estaba en el patio de la cárcel; y metieron a Jeremías con sogas. Y en la cisterna no había agua, sino cieno, y se hundió Jeremías en el cieno.” (Jer.38:6)
  2. Sin tener donde apoyar un pie. “Estoy hundido en cieno profundo, donde no puedo hacer pie; He venido a abismos de aguas, y la corriente me ha anegado.” (Salmos 69:2)
  3. Sin poder ver más allá. El pozo no nos permite ver más que… ¡tú encierro! Y permanecemos allí, en derrota.

Hay muchas causas por las cuales podemos caer en un pozo: dolor, pruebas, circunstancias, etc. Pero frente a todas ellas, podemos optar por Dios. Su brazo, el brazo del Señor, está allí, extendido hacia nosotras para sacarnos en victoria y llevarnos a la roca que es más alta que tú.

¿Me hizo sacar del pozo de la desesperación? Se ha encontrado usted en ese pozo?

¿Cuáles han sido las herramientas que ha utilizado para salir de ese pozo?

Esperar, saber que Él se inclina a nosotros para escuchar nuestro clamor y él te sacara del pozo de la desesperación.

El extenderá su mano y te ayudara a salir de las profundidades del pozo: pero tendrás que esperar con calma, tranquilo pero con la seguridad que él lo hará.

Dios Padre: Él es Soberano y reina sobre cada detalle del universo… y de tu vida. Un Padre que nos ama más allá de lo que podamos entender (Juan 3:16). Tenemos un Dios Soberano, amoroso y lleno de misericordia.

Dios Hijo: Quién pagó tus culpas y mis culpas en la cruz del calvario. Quién es mediador entre Dios Padre y nosotros, nuestro abogado.

Dios Espíritu Santo: Que mora en nosotros y nos da el poder para vencer. Que llena nuestro corazón cuando le permitimos entrar en cada uno de nuestros rincones y de nuestros pozos.

Decide mirar para arriba y ver a Dios como soberano total. Dios es bueno y tiene un plan para tu vida.

José pudo decir, en Génesis 50:20, que Él había permitido todo porque tenía un plan trazado para su vida y que a la postre, se transformaría en bendición.

¡Dios está a tu lado, no te ha dejado ni ha cerrado sus ojos a lo que te está pasando!  Él pondrá tus pies sobre peña y enderezará tus pasos. Aférrate a sus brazos extendidos.

Conclusión:

Asimismo puede animarnos a confiar en la victoria sobre nuestros enemigos espirituales, quienes buscan la destrucción de nuestra alma (v. 14) —aun cuando el salmista se refiere al peligro de su vida. Si Cristo ha triunfado sobre ellos, seremos por medio de El más que vencedores. Con esta fe, podemos orar, como David, con humilde osadía: «Sean avergonzados y confundidos a una… Vuelvan las espaldas y avergüéncense… (v. 14) Queden consternados en pago de su afrenta» (v. 15). Cuando un hijo de Dios es llevado hasta el borde mismo del pozo, Satanás grita: ¡Ja, ja!», pensando que ya ha ganado la partida, pero queda loco cuando ve que hemos sabido esperar en Dios, aunque gritemos y sea desgarrador pacientemente esperamos en El.

El salmista anima también a todos los que buscan a Dios a que se unan al gozo del que él disfruta y a las alabanzas que tributa a Yahweh (y. 16).

Finalmente, cuantos se hallan afligidos y necesitados a pesar de ser hijos de Dios, como David, pueden confiar en la ayuda y liberación que Dios presta sin falta a los suyos (v. 17): «Aunque yo estoy afligido y necesitado, Yahweh pensará en mí. » De una Mente Eterna que, por ello, está eternamente pensando en cada uno de nosotros, bien se puede esperar confiadamente la ayuda y la liberación que necesitemos.

Es hora de ser protagonistas y no víctimas, nuestro refugio es Cristo, esperar es difícil pero esperar en Cristo es garantía, es saber que la espera vale la pena, que seremos recompensados y no avergonzados; nuestros actos a la ligera nos puede llevar a tomar malas decisiones.

Puso mis pies sobre peña – ¿Quién es esa peña? Cristo

Si nuestros pies están sobre esa piedra jamás resbalaremos, estaremos seguros, en lugar firme, pero si en nuestra desesperación ponemos nuestros pies en arena, vamos a perecer.

Deshojando una flor, preguntando… ¿me quiere?… no me quiere? la flor quedó sin pétalos, y cada pétalo que caía, mataba una esperanza en mi vida. Cuando tire el tello de la flor, hay llorando por el hombre que me abandonó… sentí una mano pesada hundirse en mi hombro, me asuste esa fue la impresión en el primer momento, pero después sentí profunda paz… Sentí que la brisa de la hermosa presencia secaba mis lágrimas…. de momento comencé a correr y sentía, que mientras corría se desprendían pétalos de mi alma… en la noche quedé como el tallo de aquella flor, desnudo, triste, sola, vacía.

Pero cuando desperté me di cuenta que ya no estaba marchita, que había en mí no una flor sino un pimpollo rebosante de vida…y mientras entendía el cambio que estaba produciéndose en mi vida, vino a mí la mano pesada, nuevamente se posó sobre mi hombro, pero esta vez tocó mi mente y pude ver lo equivocada que estaba, me sonreí y fui hacia la ventana, mire al cielo y en letras doradas pasaba frente a mí, un letrero que decía:

JESUS DA NUEVA VIDA

Dios jamás te ha dejado solo, Él te ha estado cuidando en medio de la tribulación, pero todo está listo, preparado para que tú veas lo que Dios hará por ti.

Veras cosas mayores de lo que te imaginabas, porque vendrá de la mente de Dios, del corazón de Dios y de las manos de Dios. Él sabe todo lo que has sufrido, y también sabe que te has mantenido fiel.

Todo lo perdido será restaurado, mucho mayor que antes, recibirás de la gloria de Dios, lo mejor, y todos los que vieron lo que el diablo hizo contigo, ahora verán y se quedarán maravillados al ver lo que Dios estará haciendo por ti, ten la seguridad que así es, ya los ángeles de Dios, están listos para el desembarque en tu hogar, y la bendición postrera será mayor que la primera.

Gózate, respira profundo, cobra ánimo que Dios ha dado su promesa, y la dio para cumplirla.

El sana a los quebrantados de corazón, y sana sus heridas.

Solo que tenemos que esperar pacientemente en El.

Por Noelia Ramos